Celedonio tiene 80 años y sufre de Alzheimer. Hace 17 años, dejó atrás su Colombia natal y cruzó el Atlántico en busca de un futuro mejor para él y su familia. Recaló en la Colonia de los Taxistas, en pleno Vallecas, y aquí comenzó su nueva vida, rodeado de edificios de ladrillo y persianas verdes, de asfalto y tiendas de barrio, de buena gente. Todos los días pasaba por delante del Estadio de Vallecas, del Campo del Rayo, y soñaba que, quizás algún día, pudiera entrar y ver un partido del Rayo en directo, algo que su maltrecha economía no le permitía. El pasado domingo, la Fundación Rayo Vallecano, de la mano de la Fundación Diversión Solidaria y la Fundación Profesor Uría, consiguió hacer realidad el sueño de Celedonio.
Media hora antes del partido dejó de llover. Celedonio, acompañado por su hija Olivia, entró por la puerta 0 y subió al antepalco. Se sorprendió al verse rodeado por tantos trofeos, hijos de mil batallas libradas durante 94 años de historia. Luego accedió a la capilla, donde pidió estar solo unos minutos. Después, con su hija de la mano, se asomó por la boca del palco del estadio…
Durante 90 minutos, Celedonio fue feliz viendo en directo al Rayo, a su Rayo, al equipo de ese barrio que tan bien lo acogió cuando vino de su tierra lejana. Disfrutó con los pases de Fran Beltrán, con la velocidad de Álex Moreno, con el gol de Embarba, con la entrega de todos, con la animación de la grada. Disfrutó como un chaval de la victoria de su equipo franjirrojo, ese que siempre soñó en ver jugar. Después bajó al césped y pudo hablar con los protagonistas, con el Chori y Trejo, con Michel y con el presidente, aunque, en realidad, el protagonista era él.

Muchos recordarán el 29 de abril como el día en que el Rayo le ganó 3 – 1 al Tenerife, el día que marcó Álex Moreno, el día en el que el Rayo reafirmaba su liderato y daba un paso más en su camino a primera. Pero en la Fundación Rayo Vallecano, el 29 de abril será siempre el día en que Celedonio vio cumplido su sueño. Y eso no será fácil de olvidar.